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Dos ciudades en el tablero de juego

Leyenda o realidad. No se sabe, pero hasta nuestros días ha llegado un romance que narra un célebre combate no sucedido en un campo de batalla, sino en un tablero de ajedrez. A uno y otro lado se habrían enfrentado en el año de 1457 el insigne caballero don Alonso Fajardo ‘el Bravo’, alcaide de Lorca, y Muley Boabdelín, apodado ‘el Zagal’, que era rey de Almería. Se pusieron en juego las ciudades de Lorca y Almería. El perdedor estaba obligado a entregar la ciudad que gobernaba.

Y la historia volvió a repetirse ayer a mediodía en la Plaza de España cinco siglos después, pero en esta ocasión el tablero lo ocuparon piezas de carne y hueso, miembros de la Federación San Clemente, el Club de Ajedrez de Lorca y actores de la Compañía del Teatro Guerra, con texto original de Pedro Felipe Granados. La partida reprodujo la que jugaron P. Morphy, con blancas, y B. Tilghman, con negras, en Filadelfia en 1859. Los comentarios de las jugadas son del maestro internacional Juan Joel Arencibia.

 

Muley Boabdelín, rey de Almería, y Alonso Fajardo 'el Bravo', alcaide de Lorca, durante la partida de ajedrez que disputaron ayer en la Plaza de España, en la que revivieron lo acontecido en 1457.

 

Un juglar, Raquel López, fue relatando lo sucedido y poniendo al público en situación: «En la Lorca fronteriza se dirimen las penúltimas batallas del avance cristiano hacia el Reino de Granada, que será conquistado e incorporado a la Corona de Castilla en 1492. En Lorca, es alcaide Alonso Fajardo ‘el Bravo’, vencedor de los musulmanes en la batalla de Los Alporchones, ocurrida el 17 de marzo de 1452, día de San Patricio. En este periodo es rey de Almería Muley Boabdelín, apodado ‘el Zagal’».

Dicen que de este combate incruento, por medio del antiguo y noble juego del ajedrez, dio cuenta un desconocido juglar que lo cantó por las calles y plazas en aquellos años, que son ya un recuerdo en la historia. «Más adelante sería recogido en las páginas ilustres del Romancero, con lo que la ciudad de Lorca, ya para siempre, estaría incluida en las páginas más valiosas y brillantes de la literatura española», relató. Y el juglar leyó las antiguas palabras del romance: «Jugando estaba el rey moro, y aún el axedrez un día, con aquese buen Faxardo, con amor que le tenía. Faxardo jugaba a Lorca, y el rey moro a Almería. Jaque le dio con el roque, el aférez le prendía. A grandes voces dice el moro: ‘La villa de Lorca es mía’. Allí hablara Faxardo, bien oiréis lo que decía: ‘Calles, calles, senyor rey, no tomes la tal porfía, que aunque me la ganaseis, ella no se te daría; caballeros tengo dentro, que me la defenderían’. Allí hablara el rey moro, bien oiréis lo que decía: ‘No juguemos más, Faxardo, ni tengamos más porfía, que sois tan buen caballero, que todo el mundo os temía’».

Dos ejércitos se enfrentaron ayer. Y cada una de sus piezas llevaban nombres fácilmente reconocibles por el público. En el bando cristiano, que dirigía Alonso Fajardo ‘el Bravo’ (Juan Francisco Ros), la Torre Alfonsina y la Torre del Espolón, y en el moro de Muley Boabdelín (Nacho Fuentes), la Torre de la Alcazaba y la Torre de Oria. La caballería estaba integrada por el Caballero de Mojácar y el Caballero de Serón, -por el bando almeriense- mientras que el cristiano, por el Caballero de Ifre y el del Alporchón.

La presentación de las piezas se hizo en la zona central del tablero y todos mostraron su rivalidad amenazando las posiciones enemigas. Los peones fueron representados por niños. Por el lado moro estaban los de Berja, Zurgena, Albox, Vélez Blanco, Cantoria, Sorbas, Alhama y Gádor; y por el cristiano, el de Felí, Xiquena, Tébar, Nogalte, Coy, Avilés, Purias y Henares. Perdió, de nuevo, Fajardo ‘el Bravo’, pero hizo el intento de salvar la ciudad con las armas. Pero Muley Boabdelín le perdonó su deuda. «Quedaos, Fajardo ‘el Bravo’, con Lorca, que no me duelen prendas de ser generoso con vos, un caballero al que todo el mundo conoce y estima por un sobrenombre de tanto valor», concluyó.

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